Hepatitis, cuidá y protegé tu hígado

La hepatitis es una enfermedad provocada por la inflamación del hígado. Hay de diferentes tipos pero todas son prevenibles. Descubrí de qué se trata una de las enfermedades con mayor incidencia en el mundo.

El Día Mundial Contra la Hepatitis es un recordatorio de la importancia que tiene el hígado en el funcionamiento de nuestro cuerpo. Y la necesidad de cuidarlo y prevenir esta enfermedad que, si no es tratada, puede ocasionar severos problemas como la destrucción de las células hepáticas hasta la muerte.

Resulta importante reconocer que la hepatitis es una enfermedad muy prevalente en el planeta. No todas las hepatitis son iguales, y hay distintas variedades con diferente gravedad cada una.

Al año, se estima que 1.400.000 personas pierden la vida por algún padecimiento asociado a las hepatitis, ya sean agudas o crónicas. Eso la convierte en la enfermedad infecciosa más letal después de la tuberculosis, así como una de las más presentes en todas las latitudes, superando al SIDA.

Los detonantes para que se genere esta enfermedad pueden ser de origen infeccioso (viral o bacteriana). Inmunológica, provocada por anticuerpos o tóxica que se desencadena por consumir alcohol, veneno o medicinas. Y también encontramos a la hepatitis que es provocada por una infección de trasmisión sexual.

La enfermedad hepática también puede ser causada por trastornos hereditarios, como la fibrosis quística y la enfermedad de Wilson. Ésta última es una afección que consiste en tener demasiado cobre en el cuerpo (el exceso de éste se deposita en el hígado).

Gama de hepatitis

Existen varios tipos de Hepatitis; los más frecuentes son los tipo A, B y C. La cirrosis y el cáncer de hígado son consecuencias de estas dos últimas. Las más relevantes son las que tienen su origen en virus específicos que tienen afinidad por los hepatocitos –células hepáticas. Hay cinco virus de este tipo:

1.- Hepatitis A: se trasmite por falta de higiene en el hogar o por consumir alimentos contaminados o que no se lavaron adecuadamente como las verduras y frutas. Se transmite por vía fecal-oral. Una persona infectada la pasa a otra por deficiencias de higiene, lo que lo convierte en un agente infeccioso muy transmisible en zonas con problemas de saneamiento. La hepatitis A es aguda y no se convierte en crónica. Los síntomas son muy similares a una gastroenteritis.

2.- Hepatitis B: es uno de los tipos más graves. Se ocasiona por un virus que se transmite por la sangre o por vía sexual desde un enfermo con hepatitis activa o de un portador sano del virus de la hepatitis B. Es este caso, puede causar una infección aguda o crónica y así persistir en la sangre, causando cirrosis del hígado, cáncer, insuficiencia renal o incluso la muerte. Este virus encierra un peligro importante para la salud pública ya que se transmite por fluidos corporales y puede pasar de la madre al bebé durante la gestación. Tiene tendencia a cronificarse, llevando luego a cirrosis y cáncer de hígado. Existe una vacuna capaz de prevenir esta infección, y por suerte, es obligatoria en muchos países.

3.- Hepatitis C: Se trasmite a través del contacto con la sangre de una persona infectada (en etapa de actividad o portación del virus) y también es causa de hepatitis crónica, cirrosis, cáncer de hígado, insuficiencia hepática y muerte. La mayoría de los enfermos pasan a la forma crónica, aunque este tipo no dispone de vacunas, nuevos tratamientos han demostrado curación en algunos pacientes.

4.- Hepatitis D: es un virus delta, esto quiere decir que sólo puede infectar a pacientes que ya poseen hepatitis B. Por lógica, el método de prevención es la vacuna contra la hepatitis B.

5.- Hepatitis E: este ha sido el último virus de la hepatitis en descubrir. Al parecer, su contagio se da al beber agua contaminada con la partícula. Es una patología rara que se concentra en Asia.

 Factores de riesgo

La gravedad de la hepatitis depende de muchos factores, incluyendo la causa del daño hepático. Los riesgos más comunes para que se desencadenen esta enfermedad son:

1.- Usar drogas intravenosas.

2.- Abuso de paracetamol. El abuso de antinflamatorios puedo dañar el hígado.

3.- Tener varias parejas sexuales y relaciones sin protección.

4.- Consumir alimentos contaminados.

5.- Vivir en asilos de ancianos o centros de rehabilitación.

6.- Tomar alcohol en exceso.

7.- Ser receptor de un trasplante de órgano.

8.- Haber recibido un transfusión de sangre antes de 1990, debido a que en esa época el examen de hepatitis C no era obligatorio.

9.- Ser recién nacido de una madre con hepatitis B o C, debido a que puede trasmitirse durante el parto.

10.- Ser trabajador de salud (odontólogo, cirujano) por el contacto con la sangre.

11.- Hacerse un tatuaje sin las condiciones de higiene, prevención y salubridad certificadas.

Cómo prevenirla

Los tratamientos para revertir o controlar la enfermedad, dependen del padecimiento y del progreso de éste. Sin embargo, existen diversas alternativas que te pueden ayudar para prevenir esta enfermedad.

Tratándose de infecciones con tan alta posibilidad de ser prevenidas, las campañas para el Día Mundial de la Hepatitis suelen concentrarse en este aspecto. Vacunación e higiene son los ejes de la difusión de la información preventiva.

La vacunación contra la hepatitis B ha significado un paso gigante para la salud pública. Mientras más personas accedan a estas dosis y completen su esquema, la cantidad de pacientes mermará, así como los niños contagiados por sus madres.

En cuanto a higiene, hay dos aristas: la higiene personal y la salubridad pública. El mejoramiento de las condiciones de eliminación de excretas y la disposición de los residuos en las ciudades y pueblos, contribuye a reducir la propagación de la hepatitis A y E.

También el contacto sexual no es menor en la contagiosidad. Esto se enmarca en los trabajos de prevención de las enfermedades de transmisión sexual a través del incentivo de uso del preservativo.

 

Fuentes: salud180.com, mejorconsalud.as.com