El cáncer que se esconde tras síntomas comunes

El Linfoma es un tipo de cáncer que a diferencia de otros, sus síntomas se parecen a diagnósticos de infecciones comunes. Un riesgo alto para la detección temprana de la enfermedad.

Tos, fiebre, ganglios inflamados y pérdida de peso son síntomas que suelen perderse en diagnósticos de infecciones comunes. Son manifestaciones de que algo anda mal en la salud, pero que no suelen asociarse a un cáncer.

Así son los síntomas del Linfoma y es lo que les pasa a no pocos enfermos que reciben la noticia de que lo padecen. Hasta 6 meses después de la aparición de los síntomas es un período común para llegar al diagnóstico de esta enfermedad.

Aumento de la temperatura en horas de la tarde, tos seca, pérdida de peso pero nada más que este malestar, no hay dolor. Un poco más avanzado se pueden inflamar los ganglios del cuerpo, pero en definitiva no son más que síntomas comunes que pueden pasar inadvertidos o ser confundidos con otros diagnósticos más leves.

Diagnóstico tardío y tratamiento seguro

El linfoma se puede desarrollar entre el 2 y el 5% de la población y las posibilidades de que el diagnóstico se escurra entre síntomas comunes es muy alta. Por eso la formación, conocimiento y capacitación sobre el tema a los profesionales de la salud es muy importante. Ya que en la detección temprana es donde se reduce el riesgo  de mortalidad.

Actualmente, en América Latina pueden diagnosticarse unos 60 nuevos casos de linfoma al mes, que representarían 720 nuevos casos al año. Sin embargo, la esperanza para nuestro país es que contamos con más y mejor formados hematólogos que manejan la enfermedad, junto a Brasil y Colombia, a diferencia del resto de los países de la región. Sin embargo el acceso a la medicación necesaria no es tan auspicioso.

El diagnóstico certero

Son los médicos generalistas los que deben prepararse para hacer un diagnóstico de la enfermedad y no confundir los síntomas con procesos infecciosos comunes. Un aspecto que debe llamar la atención de los médicos a la hora de diagnosticar un linfoma, es que los ganglios inflamados durante semanas, no duelen al tacto y además están duros.

Otros signos de que la persona puede estar padeciendo un linfoma es la pérdida de más del 10% del peso corporal en uno o dos meses, así como sudoración nocturna profusa sin ninguna explicación.

Ya que existen varios tipos de linfoma, normalmente se dividen entre linfoma “de Hodgkin” y “no Hodgkin”, es que debe prestarse atención también a los antecedentes del paciente. Por ejemplo, en los Linfoma de Hodgkin, se ha asociado su incidencia a las personas que han portado el virus Epstein-Barr que causa la mononucleosis. Además, los pacientes con VIH-sida, tienen 10 veces más posibilidades de sufrir un linfoma no Hodgkin.

También es necesario alertar sobre la incidencia que la contaminación y distintos factores ambientales están teniendo en estos casos. Cada vez se detectan más alteraciones cromosómicas asociadas al desarrollo de tumores malignos causadas por factores ambientales como la presencia de fertilizantes y pesticidas en las comidas.

 

Fuente: efesalud.com