Desafío pospandemia: construir un mundo más justo y saludable

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Como ya lo hemos dicho en artículos previos, la pandemia del 2020 puso de manifiesto la desigualdad y la necesidad de cambiar la sociedad que construimos. En el Día Mundial de la Salud el mensaje es social.

Nuestro mundo es desigual. Como lo ha puesto de manifiesto el COVID-19, algunas personas pueden llevar una vida más sana y tener mejor acceso a los servicios de salud que otras, debido enteramente a las condiciones en las que nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.

En todo el mundo, algunos grupos luchan por llegar a fin de mes con pocos ingresos diarios, tienen peores condiciones de vivienda y educación y menos oportunidades de empleo, experimentan una mayor desigualdad de género y tienen poco o ningún acceso a entornos seguros, agua y aire limpios, seguridad alimentaria y servicios de salud. Todo ello provoca sufrimientos innecesarios, enfermedades evitables y muertes prematuras. Y perjudica a nuestras sociedades y economías.

Esto no solo es injusto: es evitable

Este año desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) el mensaje en el Día Mundial de la Salud es un pedido a los líderes de las naciones para que garanticen que todas las personas tengan unas condiciones de vida y de trabajo que favorezcan la buena salud. E instan a los líderes a monitorear las desigualdades en materia de salud y a garantizar que todas las personas puedan acceder a servicios de calidad cuando y donde los necesiten.

La crisis del COVID-19 ha golpeado duramente a todos los países, pero su impacto ha sido más acusado en las comunidades que ya eran vulnerables, que están más expuestas a la enfermedad, que tienen menos probabilidades de acceder a servicios de salud de calidad y que tienen más probabilidades de sufrir consecuencias adversas como resultado de las medidas aplicadas para contener la pandemia.

Determinantes sociales de la salud

En América es posible que sea inevitable que algunas condiciones sean diferentes, se consideran desigualdades, tal como es posible que estas diferencias puedan ser innecesarias y evitables, por eso se consideran inequidades y por esto, la OMS insta a estos países para que pongan sus metas apropiadas a políticas diseñadas para aumentar la equidad.

A pesar de alcanzar a reducir a la mitad la tasa de extrema pobreza, en América casi se ha detenido en los últimos años. Esto tiene implicaciones graves ya que la pobreza repercute directamente sobre el acceso a la vivienda digna, los servicios, la educación, el transporte y otros factores vitales para la salud y el bienestar generales. De hecho, la pobreza es posiblemente el determinante individual más importante de la salud.

La Salud Universal, un derecho de todas las personas

El acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud implican que todas las personas y las comunidades tengan acceso, sin discriminación alguna, a servicios integrales de salud, adecuados, oportunos, de calidad, determinados a nivel nacional, de acuerdo con las necesidades, así como a medicamentos de calidad, seguros, eficaces y asequibles. A la vez que se asegura que el uso de esos servicios no expone a los usuarios a dificultades financieras, en particular los grupos en situación de vulnerabilidad.

  • En la Región de las Américas hay millones de personas que no pueden acceder a servicios de salud integrales ni primarios.
  • La segmentación y fragmentación de los sistemas de salud en la Región Americana generan una inequidad e ineficiencia que compromete la salud universal.
  • En 11 países de América, existe un déficit absoluto de trabajadores de la salud (menos de 25 médicos, enfermeras y matronas certificadas por cada 10,000 habitantes).
  • Mientras que el gasto público medio en salud en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) fue del 8% del PIB en 2011, el gasto público en salud en los países de América Latina y el Caribe fue de solo el 3,8% del PIB.

A pesar de los avances logrados, América sigue siendo una de las regiones del mundo más inequitativas del mundo.

Igualdad de Género en Salud

Para superar los obstáculos y lograr progresos, es indispensable que las políticas sociales reconozcan la función de género como un fuerte determinante estructural de la salud. Por ejemplo, las mujeres tienen costos de salud mayores que los hombres debido a su mayor utilización de los servicios de atención de salud. Al mismo tiempo, las mujeres corren un mayor riesgo que los hombres de ser pobres, desempleadas o estar contratadas en trabajos que no ofrecen prestaciones de atención de salud.

 

Fuente: who.int