Si no fuera por las vacunas…

Las vacunas son una de las armas más potentes y efectivas en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Con el inicio de las clases el calendario oficial pone el tema en discusión, enterate por qué hay que cumplirlo.

La que se considera la primera vacuna de la historia moderna se aplicó en 1796. Unos 183 años más tarde, en diciembre de 1979, la OMS (Organización Mundial de la Salud), anunció, después de intensas campañas de vacunación en todo el mundo, la erradicación de la viruela, una enfermedad que solamente en el siglo 20 ocasionó entre 300 y 500 millones de muertes.

Las vacunas han controlado enfermedades como la poliomielitis, el sarampión, la tosferina y muchas otras. La lucha continúa para encontrar vacunas contra otras enfermedades infecciosas. Frente a este panorama existen quienes consideran que son las vacunas las que transmiten las enfermedades o que en realidad no es para tanto… sin embargo esto sólo es desinformación, una muy riesgosa posición.

Qué es una vacuna y cómo funciona

La vacuna es una sustancia biológicamente activa que se introduce en el organismo para provocar la aparición de anticuerpos, que son la respuesta de nuestro sistema inmunológico (sistema de defensas) ante el ataque de virus y bacterias. Cuando la persona desarrolla anticuerpos contra una enfermedad determinada, rara vez la contraerá y si lo hace, la enfermedad será mucho más leve.

Para que el sistema inmunológico responda de forma efectiva ante un microorganismo infeccioso, éste debe tener algún tipo de marcador o identificación, que se conoce como antígeno. Las bacterias y los virus, así como sus variedades, portan sus propios antígenos específicos. Ante la presencia de un antígeno en particular, las células inmunes entran en acción y toman medidas ya sea atacándolo directamente y/o creando anticuerpos contra el mismo.

No se usan todas las células inmunes y anticuerpos en el ataque de defensa. Una parte se deja en reserva como protección futura y esto es lo que se conoce como “memoria”.  En la mayoría de los casos, esta capacidad de memoria es tan eficiente que cuando vuelve a aparecer el antígeno en el futuro, lo destruye completamente.

Ese es el caso, por ejemplo, de la varicela, una infección viral común.  Los que nacieron antes de 1990, (año en que se introdujo la vacuna contra la varicela), recuerdan que si la contraían no podían asistir a la escuela hasta que cediera la fiebre y desaparecieran las erupciones en la piel. Esas personas nunca volvieron a contraer la varicela, a pesar de que probablemente estuvieron expuestas al virus muchas veces.  Como existe solamente una variedad de varicela que afecta a los humanos y el sistema inmunológico recuerda exitosamente a su antígeno, las personas que la padecen una vez nunca vuelven a contraerla y las que se vacunan contra ella, nunca la desarrollan.

La situación cambia, por ejemplo, en el caso de la gripe (influenza, que es diferente a un catarro o resfriado). Es posible sufrir de gripe, invierno tras invierno porque existen distintas variedades de influenza que afectan a los seres humanos cada temporada.  Una persona que desarrolló inmunidad a la variedad de gripe del año pasado, estuvo protegida durante esa temporada, pero carecerá de protección en la temporada siguiente cuando surjan variedades diferentes de influenza. Por eso se recomienda que todas las personas a partir de los 6 meses de edad se vacunen contra la gripe (influenza) cada año.

Las vacunas no son sólo para los chicos

Las vacunas mejoran la calidad de vida ya que combaten enfermedades infecciosas peligrosas: pueden evitar hospitalizaciones y complicaciones debido a enfermedades, evitar secuelas (como en el caso de la polio) y hasta muertes. Es indispensable la consulta con el pediatra o con tu médico de cabecera para poner al día las vacunas de tus hijos y para que te recomiende las que debés recibir o reactivar según tu estado de salud actual.

Si bien podemos haber recibido todas las necesarias y obligatorias de la infancia, aquellas que se requerían como obligatorias para el ingreso escolar, hay varias que necesitan reactivarse intermitentemente. Y algunas como la rubeola, el sarampión y las paperas se dan en una sola inyección.  Los adultos necesitan protección contra las mismas infecciones que los niños.

Las mujeres embarazadas idealmente deben de recibir todas sus inmunizaciones (vacunas) antes de embarazarse. Y si se embarazan durante la época de la gripe, deben recibir la vacuna contra la gripe (influenza). Una mujer embarazada que contrae la gripe durante el embarazo puede desarrollar complicaciones muy serias e incluso requerir hospitalización.

Fuente: vidaysalud.com