Freno a la hepatitis vírica: cómo prevenir y detectarla a tiempo

La hepatitis vírica ataca a la salud del hígado y hay varias clasificaciones de acuerdo al tipo de virus que se trate. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, en el planeta mueren 1.4 millones de personas a causa de esta enfermedad.

Un 35% de las personas con hepatitis no están diagnosticadas. Es un dato que demuestra el desconocimiento sobre esta enfermedad y es algo que convendría cambiar. Hay que evitar contagios y solo se puede hacer conociendo las medidas de prevención.

La Organización Mundial de la Salud es muy consciente de que se ha convertido en una enfermedad grave para el mundo, y que provoca muchos prejuicios. Sin embargo, año tras año, las cifras sobre la cantidad de enfermos y muertes provocados por la hepatitis, crecen. Y es por esto que el 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis, en un intento por desestigmatizarla y para que deje de ser un creciente problemas de salud.

La hepatitis puede ser provocada por varios factores, como comer hongos venenosos o el exceso en el consumo de alcohol. Pero la vírica, tal como su nombre lo indica, depende de un virus que se contrae y afecta al organism. De acuerdo a esto, hay varias clasificaciones para estos virus.

¿Cuántos tipos de hepatitis hay?

La causan cinco virus diferentes, llamados tipo A, B, C, D y E, pero los más comunes son los tres primeros. Cada uno de ellos varía tanto en el tipo de contagio como en el diagnóstico y el tratamiento.

Hepatitis A: el virus se encuentra en heces de las personas infectadas y casi siempre se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. Es la más frecuente a nivel mundial. En la gran mayoría de casos la enfermedad es leve y los pacientes se recuperan por completo en una semana. Y además, queda inmunizado contra infecciones futuras por este virus.

Hepatitis B: se transmite por la sangre, el semen y las secreciones vaginales. La forma más usual de contagio es durante las relaciones sexuales o por usar agujas contaminada. También puede transmitirlo una madre infectada al bebé, aunque actualmente existe un tratamiento para frenar la enfermedad en el caso de que la madre sea portadora del virus.

Hepatitis C: se transmite casi siempre por sangre contaminada. Compatir agujas o material no desechable que esté contaminado, o al tratar la herida de un infectado. La transmisión sexual también es posible, pero mucho menos común. No hay vacuna contra el virus C por lo que es la que tiene más incidencia, además los tratamientos son muy caros. Con todo, no es incurable. Un 70% de casos acaban remitiendo e incluso hay medicamentos para cuando se diagnostica tardíamente.

Formas de prevenir la hepatitis

La higiene es fundamental. Hay que seguir normas, ya de por sí básicas, y hacerlas especialmente escrupulosas cuando no se está en un ambiente habitual:

  • Lavarse las manos y toda la comida siempre antes de empezar a cocinar. Especialmente la verdura, pero también la carne.
  • Al curar una herida, usar guantes desechables.
  • No compartir el cepillo de dientes o elementos de afeitar o depilación.
  • Ser especialmente escrupuloso en comprobar la higiene del local al acudir para realizarse un tatuaje.

Cómo te puede afectar si te contagias

En el mejor de los casos, las defensas pueden resolver el problema y el hígado se regenera completamente sin que el infectado llegue ni a enterarse. Pero también puede dañar el hígado, afectando seriamente la calidad de vida de la persona.

De acuerdo indican los especialistas, en sus funcionaes normales, el hígado depura multitud de toxinas y medicamentos. También depura bilirrubina, un pigmento amarillo que elimina por la bilis al intestino y que da color a las heces. Almacena depósitos de glucosa para poder conseguir energía. Fabrica varias proteínas, entre las que se encuentran las que hacen posible la coagulación. En una hepatitis todas estas funciones se pueden ver más o menos alteradas según la gravedad de la inflamación”.

Además, algunas veces la hepatitis B y C puede hacerse crónica y degenerar en otras enfermedades, como el cáncer o la cirrosis. La mejor prevención para evitar estas complicaciones es la detección precoz.

Claves para detectarla a tiempo

Normalmente no se realizan pruebas para detectar esta enfermedad en los reconocimientos médicos rutinarios. Pueden pasar varios años hasta que el paciente nota algún síntoma. Y sólo se descubre cuando se lleva a cabo algún análisis de sangre a causa de otro problema.

A veces los primeros síntomas tardan años en detectarse. De ahí que hay que estar atento ante algunos síntomas que podrían confundirse con otras enfermedades. Los síntomas más comunes son:

  • Color amarillento de la piel. Es el más conocido, pero atención porque no es siempre señal de hepatitis. Otros problemas del hígado pueden provocarlo.
  • Fiebre débil: suelen ser solamente unas décimas pero persistentes y sin justificación aparente.
  • Problemas de digestión: a veces diarreas, falta de apetito y náuseas.
  • Orina muy oscura: la acumulación de bilirrubina hace que se ennegrezca. Por el contrario, las heces sueles presentar un color blanquecino.
  • Picor. La bilirrubina se acumulada también en la piel e irrita las terminaciones nerviosas, provocando molestias y la necesidad de rascarse.
  • Se produce en músculos, articulaciones y justo bajo las costillas del lado derecho. Se produce por culpa de la inflamación de los tejidos.
  • Frecuencia anormal de infecciones. Si el hígado está sano capta, asimila y destruye las bacterias y los virus que llegan por la sangre desde el abdomen. Pero si eso no ocurre (a causa de una hepatitis), los gérmenes pasan a la circulación general.
Fuente: sabervivirtv.com