Cómo entender la Epilepsia

En el Día Mundial de la Epilepsia te contamos de qué se trata este trastorno neurológico y cuáles son las necesidades de las personas que la padecen. La información y la sensibilización combaten la discriminación.

La epilepsia es un trastorno neurológico, resultado de un funcionamiento anómalo de un grupo de neuronas. Se define como la aparición de crisis recurrentes debido a la existencia de alteraciones estructurales en el cerebro.

En una crisis epiléptica la sintomatología irrumpe de manera violenta e inesperada. Este acceso repentino y brusco de la enfermedad es lo que en medicina se conoce como paroxismo. De ahí que, en términos más técnicos, se hable de la epilepsia como “fenómeno paroxístico”. Todo ello se debe a la existencia de los llamados focos epileptógenos.

¿Qué son los focos epileptógenos?

En el entramado habitual de neuronas existe un grupo de ellas con una actividad anormal. Estas neuronas emiten impulsos excesivos de manera sincrónica fuera de la actividad eléctrica habitual del cerebro, manifestándose de maneras diferentes. Es decir, este grupo de neuronas empieza a funcionar de repente de manera independiente y a un ritmo diferente que el resto. Este comportamiento es el responsable de los síntomas de la crisis. Cuando cesa el funcionamiento anormal, la crisis desaparece.

La imagen típica es la de alguien convulsionando y sin conocimiento, pero esto no es siempre así. Las crisis pueden ser con o sin pérdida de la consciencia y con o sin convulsión. La aparición de una sola crisis convulsiva o de crisis desencadenadas por factores evitables no se considera epilepsia.

Clasificación de la epilepsia

La epilepsia se clasifica en crisis parcial o en crisis generalizada en función de su origen en el cerebro. Las crisis parciales son aquellas en las que el foco de actividad eléctrica queda circunscrito a un área concreta. Dentro de las crisis parciales, estas se dividen en:

  • simples: sin pérdida de conciencia. Pueden acompañarse de síntomas motores, sensitivos, autónomos, neurológicos o psíquicos.
  • complejas: cursan con pérdida de conciencia. Se acompaña de alteración del comportamiento, incluyendo la aparición de automatismos. Tras estas crisis suele existir un periodo de confusión.
  • generalizadas son aquellas en las que la descarga eléctrica anormal se produce en los dos hemisferios.

¿Qué desencadena las crisis epilépticas?

  • Fiebre. Es la principal causa de aparición de crisis convulsivas en niños pequeños (3 meses a 5 años). No se consideran crisis epilépticas ya que su sistema nervioso es aún inmaduro. Generalmente tienen una evolución positiva. De hecho, en el peor de los casos, menos de un 5% de estos niños tendrán epilepsia al crecer.
  • Traumatismos. Tras un traumatismo, la crisis puede aparecer de manera inmediata, en la primera semana, o tras la primera semana. Si aparecen inmediatamente, no hay riesgo de epilepsia a largo plazo. Si se dan a lo largo de la primera semana o después, hay mayor riesgo de aparición de epilepsia tardía.
  • Ictus. Los ictus son responsables de más de la mitad de los casos nuevos de epilepsia en mayores de 65 años.

Diagnóstico

Estudios de neuroimagen: la Tomografía Computada permite detectar anomalías estructurales en el cerebro que puedan ser responsables de la aparición de las crisis. La Resonancia Magnética tiene una mayor sensibilidad para ello.

Tratamiento

A diferencia de otras enfermedades, no siempre un diagnostico apresurado es la mejor solución, ya que en su tratamiento suelen utilizarse drogas de gran poder que pueden afectar a niños más pequeños. Y en cualquier caso se desconocen los efectos colaterales que podrían tener a medida que se desarrolla.

Sin embargo, los avances de la medicina nos ayudan a afirmar que todo diagnóstico debe ser dado por un especialista tras una serie de análisis expeditos, y así también tomarse la decisión de intervención y bajo qué tratamiento específico.

Fuente: mejorconsalud.com