5 datos para conocer la enfermedad de Parkinson

Es una enfermedad crónica y degenerativa. Aunque no tiene cura, sí existe tratamiento para paliar sus síntomas, por ello es importante detectar precozmente el párkinson y conocer cómo evoluciona.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que ocurre cuando el cerebro deja de producir cantidades suficientes de dopamina, una sustancia química que interviene en muchas funciones del organismo.

Algunos casos se producen por factores genéticos, pero la mayoría no suele darse entre personas de una misma familia. De hecho, a pesar de los avances de la medicina, esta enfermedad continúa siendo uno de los mayores retos para la comunidad médica, no solo por sus posibles causas, sino por los tratamientos para sobrellevarla.

¿De qué se trata?

En sus etapas iniciales, el Parkinson no suele manifestarse con síntomas contundentes que faciliten su detección. Por lo tanto, es necesario conocer algunos detalles importantes, observar su curso y algunas señales que ayudan a identificarla.

Que es neurodegenerativo quiere decir que compromete a las neuronas del cerebro, en caso del Parkinson, de las que se encargan de controlar los movimientos musculares. Es un trastorno progresivo, es decir que se desarrolla de forma gradual, y su aparición afecta la habilidad de movimiento. Por eso se ve que interfiere en la marcha, el equilibrio y en la calidad de sueño. Los pacientes que la desarrollan presentan alteraciones o muerte de las neuronas que producen dopamina.

1. Posibles causas

Esta patología neurodegenerativa afecta tanto a hombres como a mujeres, sobre todo cuando llegan a edades avanzadas. Sin embargo, existen casos donde los síntomas comienzan a manifestarse desde un poco antes de los 40 años.

Lo padecen tanto hombre como mujeres por igual, y hasta el momento no hay una causa exacta. Y en cada caso suelen variar los factores asociados a su aparición. Una cantidad reducida de casos se han vinculado con alteraciones genéticas, mientras que otros tienen que ver con lesiones o traumatismos que afectan el sistema nervioso. Además, también podrían estar influyendo algunas condiciones ambientales, como la exposición a entornos contaminados y el consumo excesivo de algunos medicamentos.

2. Síntomas de la enfermedad de Parkinson

  • Temblor en las manos, los brazos, las piernas y la cara.
  • Pérdida del equilibrio y torpeza.
  • Limitaciones de movimiento.
  • Bloqueos en las expresiones faciales.
  • Alteraciones de sueño.
  • Rigidez en las articulaciones.
  • Dificultades de coordinación.
  • Disfunción sexual.
  • Dificultad para deglutir.
  • Incapacidad para regular la temperatura corporal.
  • Babeo.
  • Presión arterial baja.
  • Ansiedad y depresión.

3. Cómo se detecta

Ante la sospecha o síntomas evidentes del mal de Parkinson, los médicos llevan a cabo una evaluación física para reconocer la enfermedad. Este examen incluye el análisis de aspectos como: dificultades para iniciar o finalizar movimientos voluntarios, atrofia muscular o temblores en las articulaciones, cambios continuos en la frecuencia cardíaca, movimientos rígidos y espasmódicos.

El profesional también puede recetar un examen neurológico para analizar la complejidad de la enfermedad o descartar otros trastornos con síntomas similares.

4. Tratamientos

El tratamiento más conocido y eficaz para el párkinson es un medicamento conocido como levodopa. Este se usa desde hace más de 40 años. Es un fármaco que el organismo utiliza para aumentar los niveles de dopamina en el cerebro. Pero en general, existen otros que actualmente se encuentran en fase de desarrollo, como así también otros tratamientos denominados alterntivos, que suelen consultarse.

5. Reacciones adversas al tratamiento medicamentoso

La droga que se utiliza para el tratamiento no trata el resto de los síntomas como cambios en el estado de ánimo, las dificultades de sueño y la salivación excesiva. Hay que tener en cuenta que el consumo habitual de medicamentos químicos para el control de esta patología puede originar reacciones adversas como confusión, alucinaciones o delirios. Y otros físicos como náuseas, vómitos, diarrea, maros y desmayos.

Los cambios en el estilo de vida ayudan

Tras recibir el diagnóstico de esta enfermedad, siempre es aconsejable revisar los hábitos de vida para adoptar costumbres sanas que ayuden a hacerle frente. Como evitar el alcohol y el tabaco, modificar la alimentación para mejor deglución y digestión, terapias del hablar, descansar bien y evitar el estrés, terapias ocupacionales y fisioterapéuticas.

También modificar los ambientes y elementos de uso diario como poner pasamanos en todas las áreas de la casa para evitar las caídas. Y comenzar a utilizar dispositivos que faciliten el movimiento, como cubiertos especiales por ejemplo.

En resumen, conocer el desarrollo de esta grave enfermedad es determinante para identificarla y tratarla de forma oportuna. Sin un tratamiento específico es imposible que pueda controlarse. El acompañamiento del entorno, también es importante para generar un ambiente de contención que no limite al paciente sino que le ayude y le brinde herramientas para moverse.

Fuente: mejorconsalud.com